1.- Medio Ambiente y Ecología| 2.- Organización de la Biosfera| 3.- El ecosistema| 4.-El hombre en el ecosistema 5.- Flujo de energía y circulación de la materia| 6.- La producción primaria| 7.- Producción secundaria| 8.- Flujo de energía a través de la red trófica| 9.- Circulación de nutrientes en los ecosistemas| 10.- El ciclo del agua| 11.- Ecosistemas acuáticos| 12.- La población uniespecífica| 13.- Factores ambientales| 14.- Interacciones entre poblaciones| 15.- Desarrollo y evolución del ecosistema| 16.- Descripción de ecosistemas naturales y humanizados| 17.- Ecosistemas forzados| 18.- El medio ambiente| 19.- Respuesta ante los problemas ambientales | 20.- La atmósfera| 21.- Las aguas continentales| 22.- Los residuos| 23.- La normativa ambiental| 24.- Normativa ambiental autonómica| 25.- El impacto ambiental| 26.- Las evaluaciones de impactos ambientales (EIA)| 27.- Biosfera y Producto Económico| 28.- Restauraciones ambientales| 29.- Población humana|

4.1.- Introducción | 4.2.- La aparición de la cultura | 4.3-La explotación de los Recursos Naturales| 4.4.- Desequilibrios tecnológicos | 4.5.- Las oleadas de Avin Toffler |


4 .3.- La explotación de los Recursos Naturales

La explotación de los Recursos Naturales


Recurso, procede del verbo recurrir. Recurso es el medio material al que se puede recurrir para conseguir algo. Se definen como recursos naturales los subsistemas naturales capaces de explotación o aprovechamiento por el hombre.

Los recursos implican una cadena de pasos para alcanzar la fase del beneficio. El ciclo a lo largo del cual el subsistema natural se encuentra en contacto con la sociedad que lo explota, se ha llamado procesado del recurso. Se está introduciendo otra expresión cercana que es ciclo de vida. El ciclo se refiere a un producto y los otros productos que se le asocian en su producción, uso y abandono final. Es mas limitado en su concepción que el procesado del recurso. Tiene la ventaja de enfocarse a un producto concreto y permitir su contabilidad ambiental.

La explotación conduce a la generación de residuos, restos, subproductos, perturbaciones y en general disfunciones ambientales sean directas, sobre los sistemas explotados o indirectas, inducidas sobre otros sistemas, alejados en el tiempo o el espacio.

La mayor parte de los recursos exigen técnica o instrumentos, herramientas para su explotación. Algunos excepcionalmente, son de beneficio personal y directo (como el oxígeno atmosférico al respirar), pero resultan la excepción.

La distinción tradicional entre recursos renovables y no renovables exige precisiones; es preferible referirse a explotación renovable o no renovable, pues tal carácter depende mas de aquella que del sistema natural implicado.

Para que un recurso sea explotado, se requieren condiciones ajenas al sistema natural:

-existencia de una tecnología suficiente
-posibilidad de acoplar la explotación al consumo de otros recursos
-poblaciones humanas involucradas en la explotación
-consideración socialmente aceptable de la explotación

Siendo los recursos naturales tan dependientes de la tecnología y la sociedad, su significado se ha modificado continuamente con la historia humana. El mismo sistema natural ha sido explotado (se ha considerado recurso) de modos diferentes o contrapuestos. En todas las culturas ha existido un tránsito de unos recursos naturales a otros ayudados por innovaciones tecnológicas y evaluaciones sociológicas.

Las tecnologías avanzadas desplazan a las primitivas. La introducción de máquinas desplazan a la artesanías. La facilidad de transporte permite disponer a bajo precio de una materia prima o distribuir un producto en mercados lejanos con un coste añadido, moderado. Esto implica explotación de recursos naturales mas y mas lejanos hasta que todo el planeta es explotable en sus recursos y accesible a los mercados. Esta universalización de la actividad industrial y la explotación, está dando al traste con la cultura tradicional.

El abandono de la cultura tradicional deja sin sentido la mayor parte de las intervenciones organizativas tradicionales en la Naturaleza, que son sustituidas por grandes dosis de energía y materiales o moléculas muy activas como fertilizantes y pesticidas.

La sustitución cuasi instantánea (comparado con el horizonte cultural) del modo tradicional por el tecnológico, deja un gran vacío de percepción cultural donde la vida rural pierde sus valores y con ella la supervivencia. Desgarra a quienes abandonan el modo de vida extensivo, de reconocimiento continuado de la realidad natural y respuesta en pequeñas intervenciones donde todo les era propio y significativo como recurso. Trasladados al medio urbano, su ámbito, reducido al doméstico es inmensamente reducido y la explotación de recursos desaparece enteramente.

La Naturaleza aculturada, sufre la interrupción de información reguladora, organizativa y se desencadenan procesos en desequilibrio: acumulación de materiales o de rápidos procesos sucesionales con radicales modificaciones de diversidad, productividad, estructura y, a veces, de estabilidad. Los paisajes tradicionales, sus elementos culturales y naturales se desorganizan o llegan a peligrar: la violencia de los incendios forestales de verano en la cuenca del Mediterráneo, tiene que ver con el abandono de los cultivos y los bosques tras haber cesado la explotación tradicional.

4.3.1 Explotación actual de los recursos naturales.

El modo actual de explotar o de obtener recursos es merced a la energía, y los materiales en interacciones intensas con poca mano de obra. Las herramientas o los productos, se adquieren. La información, que ya no es la tradicional, se renueva rápidamente y ha de pagarse por obtenerla.

La Revolución industrial otorgó a la Humanidad la energía aplicable en máquinas que ejecutan tareas a las órdenes del hombre. Las bestias de tiro, las pequeñas ruedas hidráulicas o de viento, la navegación a vela, eran casi todas las fuentes energéticas disponibles y que, junto al esfuerzo humano, completaban el catálogo energético.

La Revolución industrial va ofreciendo energía, materiales, técnicas, capitales, mercados, transporte y con ellos se instaura la explotación de recursos lejanos, lo que implica un transporte creciente. Como ejemplo, la mayor parte (54%) de nuestro presupuesto energético (en España, 1990) se obtiene del petróleo, cuyos yacimientos se encuentran a miles de km.

La posibilidad abierta por la energía para beneficiar los recursos naturales ha iniciado el intenso desarrollo demográfico de nuestra propia especie, reduciendo las causas de mortandad infantil y alargando la vida adulta con alimento suficiente, mejores viviendas, combate de plagas y enfermedades: en suma, explotando o modificando el entorno. Nuestra especie es la primera capaz de crear un ecosistema adecuado a sus requerimientos donde optimice seguridad y supervivencia controlando el biotopo y suprimiendo la biocenosis indeseable. Su mantenimiento exige el consumo de cuantiosos recursos naturales. La progresión tecnológica ha navegado sobre el caudal de energía disponible, convertido en la clave de nuestro desarrollo.

La explotación de recursos produce efectos directos: su consumo o agotamiento según sean o no renovables. Y efectos indirectos: consumo de otros recursos para procesar los primeros y degradación de unos terceros, que ni son explotados ni consumidos.

Por vía de ejemplo, la obtención del hierro implica la minería, el transporte y la siderurgia. Cada fase utiliza otros recursos como la madera para el apeo de galerías, combustible para el transporte, carbón para la siderurgia. El carbón a su vez exigía en su minería madera, hierro, etc. Los efectos indirectos de la explotación del hierro, son la destrucción del paisaje por la minería (ecosistemas, especies, núcleos urbanos). La contaminación de los ríos por acidificación, metales pesados, partículas en suspensión de los lavaderos. La contaminación atmosférica por las acererías (ceniza, NOx, SOx).

La obtención de un recurso natural consume otros (además de los humanos, financieros, tecnológicos, etc que no se tratan en este apartado).

Sustitución. Es innegable la pérdida de recursos debida a la desaparición de los sistemas naturales que le daban soporte como las minas o los bosques. A la vez, se descubren nuevos recursos que pueden sustituir a los antiguos de modo tan satisfactorio que la demanda de aquellos, descienda o desaparezca.

Por ejemplo la sustitución del cobre por la fibra óptica de sílice; de la madera por el plástico; de la lana por las fibras sintéticas, etc. La sustitución de recursos, que se ha dado en toda la evolución cultural, conlleva la apertura de nuevos frentes de perturbación ambiental y el cierre de algunos tradicionales.

Hay una dependencia entre los cambios de la Biosfera y la expansión de la Humanidad. No sólo la expansión numérica, demográfica, que es un componente, sino la cultural. El efecto desestabilizador no es proporcional a los 6.200 millones de personas que compartimos ahora 2001 el planeta. Es proporcional a la energía disipada en nuestras actividades y esta varía mas de un orden de magnitud de unas personas a otras: desde los 0,3 Kw/persona para los sectores atrasados en países subdesarrollados a los mas de 10 Kw/persona en USA, Canadá, Suecia, Luxemburgo. Los 1000 millones de habitantes despilfarradores gastan mas energía que el resto de la Humanidad y su impacto en la Biosfera es mas grave. Los 350 ciudadanos mas ricos del globo poseen tanta riqueza como los 2500 millones mas pobres. El peso de esta abrumadora minoría sobre la toma de decisiones de contenido ambiental, es probablemente mucho mayor que la tenencia de capital.

4.3.2 Los efectos de la aculturación en la Biosfera.

Haciendo referencia a los logros del hombre cazador o recolector: la predación y el uso del fuego, parece que su intervención hubiera sido simplificadora de los ecosistemas, reductora de la diversidad. La transformación biotecnológica que inician agricultores y ganaderos desencadena un proceso global diversificador, desarrollando sistemas mas diversos y productivos que sus antecedentes naturales. Comienza una re-creación de la Biosfera que se impregna de rasgos humanizados, culturales en una tendencia que se incrementa hasta nuestros días.

El Profesor González Bernáldez, acuñó el término "frutalización" para describir la concentración de especies portadoras de frutos comestibles en el paisaje mediterráneo de nuestra cuenca. Tras milenios de intervención humana, los bosques de la Península Ibérica y de otras áreas mediterráneas están enriquecidos en árboles productores de bellotas, piñones, castañas, nueces, algarrobas, madroñas, acebuchina.

Una a una es difícil precisar cómo ha sido intervenida cada especie, pero el conjunto resulta innegablemente humano. Vistos desde la perspectiva urbana, asemejan bosques naturales. Sus aves y mamíferos frugívoros, los dispersores naturales, parecen fundamentar este bosque frutal o el matorral de endrinas, caramujos, espinos, avellanas, perillos, palmitos de frutos comestibles. Pero en la Península ibérica como en otros regiones donde está documentado el fenómeno, son reflejo del papel humano en los ecosistemas.

Efectos de "frutalización" son reconocibles en paisajes aparentemente no alterados como el bosque tropical americano donde pueden hallarse altas densidades de palmas y otras especies de frutos comestibles, no explicables por los procesos ecológicos conocidos. Aunque no se perciba una anomalía, el mero hecho de existir evidencia arqueológica (templos, poblados, fondos de cabaña, evidencia de cultivo itinerante) sugiere que la (aparente) selva natural es en realidad una sucesión secundaria condicionada por interacciones humanas antiguas y duraderas. Una selva aculturada.

Otro ejemplo, tomado de la Península Ibérica, son las dehesas. Estos ecosistemas se caracterizan por un vuelo con baja densidad de arbolado y un suelo con cubierta herbácea, mantenido libre de matorral. La distribución y forma del arbolado, que condicionan su producción de fronde y bellota, se regulan con la poda; la presencia de matorral y plantas leñosas, con el majadeo y redileo. En los pastos mejor atendidos se combinaban diferentes ganados a lo largo del ciclo anual.

El pastizal de la dehesa posee excepcional riqueza de especies ofreciendo los valores de diversidad mas altos descritos para la vegetación mediterránea, (5 bites), sólo comparables a la selva tropical (Díaz Pineda y otros, 1993). La prolongada intervención con herramientas biotecnológicas (los ganados) ha gestado en las dehesas, ecosistemas culturales extraordinariamente diversos, estables y productivos, en cuyo seno ha persistido, sin merma, la fauna y flora original.

El equilibrio alcanzado en el centro de Europa entre cultivos, praderías, bosques y áreas urbanas se vió favorecido por la resiliencia de muchos ecosistemas, capaces de soportar intervenciones reiteradas: tala, pasto, roza, labor, recuperando después composición, biomasa y estructura. Mas al Sur, en torno a la cuenca mediterránea, el estrés veraniego que impone una pausa a la productividad, la cultura del fuego, las violentas lluvias otoñales, han contribuido a generar un mosaico de paisajes que yuxtapone teselas de bosque, matorral noble, matorral pirófito, pastos, cultivos, ocupación humana, a teselas de profunda degradación o erosión intensa. Pese a ello, el paisaje mediterráneo ha soportado la presión humana durante milenios y en su seno se ha forjado la civilización occidental.

Los sistemas de Europa y cuenca Mediterránea, Medio Oriente y Mesopotamia, Sur de India, Sur de China, Sur de Japón, Centro América y otros puntos habían desarrollado, frente a la presión humana, ecosistemas resilientes capaces de internalizar los impactos agrícolas y ganaderos y reconstituirse después. Circunstancias favorables como una larga coevolución de herbívoros, frugívoros y vegetación, la fluctuación climática o la frecuencia de fuegos, facilitaron la asimilación de la intervención humana y el proceso de aculturación. Al mismo tiempo ofrecieron las condiciones adecuadas para el desarrollo cultural, progreso tecnológico y la implantación temprana de grandes civilizaciones.

En la cultura tradicional agrícola y ganadera del Mediterráneo se aplicaban ingenio, conocimientos, paciencia y tiempo para conseguir que la Naturaleza fuera elaborando el recurso. Con pocas fuerzas y sin productos, acaso con una herramienta simple, se canalizaban procesos naturales hacia objetivos productivos de manera que la Naturaleza concentrara su actividad en puntos sensibles, de aprovechamiento fácil.

Pequeños aperos y pequeñas máquinas simples: cuchillo, palo aguzado, azada, hoz, martillo, bieldo. Arado, carro, barca. Las excepciones son el molino hidráulico y el barco, que con la casa, han sido durante casi 5.000 años los mayores logros tecnológicos humanos.

La poda de frutales ilustra bien este modo tradicional de intervención organizativa, donde el hombre trasmite información (al árbol) para canalizar su productividad primaria neta hacia el fruto comestible. Las herramientas de control pueden hacerse mas complejas como en la ganadería: el hombre dirige al perro, que actúa sobre el rebaño, cuyo redileo modifica la composición, fertilidad y productividad del pasto.

La intervención humana se va extendiendo a todos los elementos naturales con el carácter organizador. Y el entorno humano se convierte en una suerte de taller o fábrica de herramientas. Los mangos de las herramientas, las que están hechas de madera o de corteza se producen en el árbol mediante intervenciones. Un fresno (Fraxinus) se puede podar para producir madera, ramas finas, ramas gruesas o para producir hojas. La roda o las cuadernas de un barco, la esteva del arado que son ramas curvas, se inducen, guían y cuidan durante años para que adquieran la forma y porte necesarios. Ocultos a los ojos tecnológicos de quienes viven en la ciudad actual, el pueblo, sus setos, bardas, caceras, regatos, eran unidades funcionales organizadas o lentos productores de las herramientas y materiales necesarios.

Dos ejemplos en árboles mediterráneos:

La Encina (Quercus ilex, Q. rotundifolia): frutal, alimento ganadero de fronde y fruto, base para alimentación de ganados y piaras de cerdos (contando con los escondrijos de bellotas hechos por los ratones campestres). Sombra para pasto, protección. Madera, carbón. Casca. Madera cocida imputrescible en agua.

El Alcornoque (Quercus suber), con bellotas, fronde, carbón, casca y madera como la encina y además, corcho. Se convertía en una máquina herramienta para fabricar colmenas, cubos, dornajos, palanganas, fuentes. Árbol importante en lo económico en el S XIX con la generalización del vino embotellado y su tapón de corcho (corcho de montaña). La tinta y el teñido de los cueros de negro se hace con las agallas mezclando su jugo con sales de hierro. De la importancia del recurso da idea la riqueza del lenguaje español cuando se refiere a las agallas o sus tipos: Coscorro, Cacarro, Zonzorro, Cecidia, Gargal, Agallón, Gállara, Bugayo, Bugayón, Tora.

Prácticamente todos los recursos mencionados, están abandonados. Quedan, como marginales, los ganaderos, dependientes de la política comunitaria de precios.

Como ejemplo de la transformación, se puede poner la agricultura española. Durante el presente siglo XX, la superficie cultivada ha permanecido aproximadamente fija en 20 millones de hectáreas. Después de la guerra civil (principio de los años 40) se extienden temporalmente los secanos, abandonándose pronto. Se han abandonado unos 2,5 millones marginales y se han roturado superficies equivalentes. Se han transformado en regadío unos 4 millones de hectáreas.

Con todas las fluctuaciones, la superficie se ha mantenido casi constante. Sin embargo, la población rural ha pasado en el siglo del 85% (unos 20 millones de personas o solo con 12% (5 mill). La producción, se ha elevado en producto agrícola y el valor de la misma ha alcanzado el máximo hacia 1987. La contribución del producto agrario a la renta nacional ha descendido continuamente a lo largo de este siglo.

Se podrían analizar horizontes de explotación reduciendo la población agrícola al porcentaje europeo del 7% (que daría una cifra de 3 millones de personas en el sector) o al 2% de USA (0,8 millones). Y la potencia por ha, los fertilizantes, o el número de máquinas, el consumo de pesticidas ofrecen otras tantas imágenes del cambio.

4.3.3 Desequilibrios geográficos.

El equilibrio de las explotaciones sostenibles puede perderse con la regeneración del ecosistema o con su degradación.

La degradación irreversible de los ecosistemas de un área se produce cuando la capacidad de recuperación es excedida o cuando se instauran procesos degradativos realimentados, como los erosivos. Sobrepastoreo, cultivo en pendientes, tala repetida, regímenes de fuego frecuente, pueden abocar a esta situación en nuestro entorno. La degradación de una área es capaz de inducir perturbación en otras alejadas, ampliando el proceso: la erosión de cabecera moviliza agua y sedimentos sobre el valle, la dunización recubre de mantos de arena el entorno estable, etc. Los ecosistemas no son capaces de absorber el impacto; de detener o restaurar sus efectos.

Son mas perceptibles estas situaciones en el ámbito mediterráneo que en el resto de Europa y su reiteración ha terminado por desertizar áreas antes fértiles como Tabernas en Almería, Sicilia, Creta o extensas regiones en el Magreb, Líbano, Siria, Israel, Jordania.

Los efectos del modelo europeo de intervención agrícola y ganadera han sido deletéreos en otros ámbitos geográficos. A los pocos años del descubrimiento de América, caballos, cerdos y vacas cimarrones se extendían rápidamente junto a especies vegetales cultivadas asilvestradas o introducidas con el pienso y los ganados.

La contundencia del cambio se debió, en gran parte, al efecto desorganizador del pastoreo en una vegetación dominada por perennes, de elevado desarrollo estructural, adaptadas a ramoneadores. Los altos pastizales de California, por ejemplo, fueron sustituidos por pastos de terófitos procedentes de la Península. El proceso de sustitución no se ha concluido: actualmente puede observarse en la Patagonia y la Tierra del Fuego donde las especies anuales o herbáceas perennes europeas (Poa, Lolium, Dactylis, Holchus, Taraxacum) ocupan vigorosamente el espacio dejado por la vegetación leñosa autóctona perturbada (Empetrum, Permetya).

La tala y roza seguidas de cultivo, en bosques tropicales, inducen la mineralización de la materia orgánica y la degradación irreversible del suelo, que mantendrá mas tarde ecosistemas seriales dominados por plantas espinosas que hoy ocupan enormes extensiones.

La biomasa y producción de la vegetación tropical fueron interpretadas por los colonizadores europeos como indicio de fertilidad para cultivos, trasponiendo los métodos de explotación de Europa. Pero el referente ecológico en este continente poseía una resiliencia excepcional debida a su larga historia de intervenciones humanas. La brusca implantación del cultivo en los medios tropicales, muy estructurados o frágiles, resultó destructiva. Paradójicamente estas pautas de intervención que ya en el S XVI se habían mostrado equivocadas, han persistido hasta la actualidad.




 

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